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Olga Miranda
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30Julio

Diseño de Jardines

Diseño de Jardines

Los motivos para acometer el diseño de un jardín pueden ser varios. Muchas veces suelen coincidir con la compra de una vivienda.

Podemos estrenar una casa de nueva construcción que se levante en medio de un terreno pelado o lleno de escombros. Tendremos entonces por delante el enorme esfuerzo (y también el placer) de crear nuestro jardín desde la nada. Si nos trasladamos a una vivienda que ya tiene un jardin hecho tal vez se encuentre en mal estado y entonces necesitará una reforma radical. O puede que esté bien, pero que no sean de nuestro agrado algunas partes o el conjunto. Del mismo modo, es posible que ya tengamos un jardín a nuestro gusto, pero que tengamos que reducir el tiempo dedicado al mantenimiento o que pretendamos añadir o eliminar elementos como árboles, arriates, una caseta, estanque, huerto, etc. 
Sea cual fuere el motivo y la envergadura de los cambios a realizar es conveniente meditarlos con calma e integrarlos dentro del diseño general del jardin antes de ponernos manos a la obra.

Esta planificación previa del jardín en necesaria para evitar errores. Un mal diseño puede provocarnos molestias e inconvenientes, a nosotros y a nuestras plantas, que habrá que soportar durante mucho tiempo. Aunque el concepto de buen diseño es algo muy subjetivo y depende en gran parte de quien lo juzge, existen algunas normas generales que conviene respetar. 
De entrada, serán nuestra propias circunstancias las que marquen una serie de puntos a tener en cuenta:

Es importante el presupuesto . Los gastos de creación y los de la conservación posterior deben ajustarse a nuestras posiblilidades. 
El tiempo que queremos dedicarle en el futuro. Si va a necesitar mucho mantenimiento debemos disponer de bastante tiempo libre o pagar a un jardinero. 
Tendremos en cuenta los gustos de quienes vayan a utilizarlo para que se sientan cómodos en él. 
Las plantas se elegirán de acuerdo con la zona y las características del jardín: clima, luz, suelo, exposición, etc.  
Aunque nos apetezca mucho hacer algo, no lo llevaremos a cabo si es un error evidente dentro de las normas de la jardinería.

LA PLANTACIÓN

El mejor momento para plantar árboles o arbustos es durante el reposo vegetativo, que va desde el otoño, cuando pierden la hoja, hasta la primavera, antes de que broten las yemas. El frío hace que la copa permanezca inerte y permite el desarrollo de las raíces. 
Sin embargo, los ejemplares que vienen en contenedores se adaptan mucho mejor y pueden ser plantados prácticamente en cualquier época.

EL TRAUMA DEL TRANSPLANTE

Cuando cambiamos una planta de lugar la estamos obligando a realizar un proceso de adaptación a un espacio diferente. Para que pueda sobrevivir es necesario que acomode sus raíces en el nuevo terreno, que se asiente en él. Esta transición le va a suponer un gran esfuerzo y va a costar tiempo y energías. Durante este periodo puede sufrir toda una serie de problemas que pueden llegar a poner en peligro su salud y desarrollo. Nosotros podemos hacer que está experiencia sea lo menos traumática posible. La plantación debe realizarse con cuidado, siguiendo una serie de consejos que ayudarán a evitar que surjan complicaciones adicionales.  Para acabar de asegurarnos el éxito de la plantación seguiremos atendiendo convenientemente al ejemplar durante varias temporadas.

Consecuencias: El primer efecto directo de un transplante es el enraizamiento deficiente. Éste puede estar causado por que las raíces estén tan débiles o lastimadas que no consigan afianzarse con éxito. Lo habitual es que el ejemplar recién transplantado no tenga un sistema radicular muy profundo ni desarrollado. Esto repercute negativamente en el aporte de agua y de nutrientes, es decir, en la alimentación. Como consecuencia, la planta no puede desarrollarse de forma normal,  además de quedar más débil y, por lo tanto, más expuesta a sufrir plagas y enfermedades. La falta de unas raíces sólidas también puede dar lugar a que un viento fuerte acabe abatiendo la planta. Para prevenirlo debemos procurar que ésta quede lo más afianzada posible en la plantación, llegando incluso a sujetarla a algún soporte si fuera necesario.

En general, el crecimiento se ve muy afectado por el trauma que supone el transplante. El descenso en la calidad de la alimentación de la planta lleva a una merma en la producción de follaje. Se generan tallos son más cortos y hojas más pequeñas. Esto se hace muy evidente durante el primer año, aunque también puede llegar a manifestarse durante los dos o tres años siguientes.  
Otro daño apreciable es el marchitamiento de la vegetación. En las plantas caducifolias las hojas se vuelven amarillentas y se rizan. También puede darse el que las hojas tomen un aspecto quemado. Aparece un color de que puede ir de rojizo a amarillento en los bordes o entre los nervios. Esas zonas al final terminan volviéndose marrones y secándose.  En las coníferas la escasez de agua produce una vegetación grisácea que al acentuarse el problema vuelve marrones las puntas de las ramas.

PASOS A SEGUIR

La elección correcta de las plantas es fundamental a la hora de conseguir que éstas se afiancen con éxito. Se han de tener en cuenta el clima de la zona, las temperaturas, la exposición, el tipo de suelo, el espacio disponible, etc. El empleo de especies autóctonas de la región donde vivimos es una garantía para obtener buenos resultados.  
Además de escoger la planta adecuada para cada lugar se ha de hacer una buena elección a la hora de comprar, adquiriendo ejemplares sanos y fuertes. Si es posible ver las raíces, estas deben ser claras y abundantes, pero no deben estar excesivamente crecidas ni enrolladas.

Cables y tubos: Antes de comenzar a hacer agujeros debemos tener en cuenta las conducciones de agua, gas, electricidad, etc. que atraviesan la zona en que tengamos previsto trabajar.

El hoyo: Debe tener de dos a tres veces la anchura y el doble de profundidad que el cepellón. Así las raíces podrán crecer con comodidad en un suelo suelto y rico.

El Manipulado: Para evitar dañar a la planta la sujetamos y levantamos por el cepellón, nunca por el tronco. Es posible que las plantas que vienen en contenedor tengan las raíces enrolladas. Deben entonces desenrollarse y separarse para que se extiendan, crezcan de forma abierta y no acaben formando una bola alrededor del tronco. También debemos cortar y retirar cuidadosamente cualquier envoltorio que acompañe al cepellón, así como las cuerdas y alambres que vengan atados al tronco.

La Profundidad es importante. La base del tronco o zona donde se ensancha para dar lugar a las raíces debe quedar por encima de la tierra. Si el árbol se hunde demasiado las raíces tendrán problemas de oxigenación y se desarrollarán peor, pudiendo llegar a ahogarse. Y si se planta muy cerca de la superficie puede dar lugar a problemas de temperatura y de falta de humedad.

Árbol bien derecho: Mientras alguien lo sujeta, comprobamos desde distintos puntos de vista que el árbol este recto.

Tutores: Aunque la planta se afianzará mejor, con raíces más fuertes, sin tutores, éstos pueden ser necesarios como ayudas de soporte o para evitar que el viento la tumbe. Se suelen retirar pasado el primer año. Las ataduras deben ser de material flexible, que no produzca rozaduras.

Rellenamos el hueco con cuidado de no dañar las raíces, pero de vez en cuando apisonamos la tierra con el pie para evitar las bolsas de aire. La presión debe hacerse hacia afuera, desde el tronco hacia el exterior. Si transplantamos a un terreno muy denso o arcilloso se debe utilizar parte del mismo tipo de tierra para rellenar el hueco. Si se utiliza sólo turba o tierra arenosa el agujero funcionará como un recipiente que retendrá el agua ahogando las raíces y afectando seriamente a la planta.

Acolchado: Consiste el cubrir de materia orgánica la base de la planta. Esta capa retiene la humedad, protege de las temperaturas rigurosas y frena la invasión de las malas hierbas. Se pueden usar hojas, corteza, turba, serrín, etc. Bastará con que tenga un grosor de 5 ó 10 cm. Para evitar pudriciones se evitará que toque el tronco, despejando una zona de varios centímetros a su alrededor.

El riego debe ser el adecuado. Se debe ajustar  en función de factores como la climatología, el tipo de tierra, el drenaje, etc. El suelo estará siempre húmedo, aportando agua suficiente en las épocas de sequía y regando para ello las veces necesarias. Pero hay que cuidarse de no excederse, de que el terreno no quede empapado, porque se puede perjudicar a la planta. Tanto puede dañar el exceso como la falta de agua, especialmente durante el primer año tras el transplante.

Seguimiento: La experiencia de la plantación traumatiza y debilita al árbol o arbusto. Es normal que las plantas no crezcan ni se desarrollen al principio. La mayoría tardan varios años en afianzarse y adaptarse a su nueva situación. Los cuidados posteriores facilitarán su pronta recuperación.


Si aparece alguna plaga debe combatirse enseguida. Tras la plantación se puede hacer una ligera poda de saneamiento, para retirar las partes dañadas. Las podas serias no comenzarán hasta que transcurra al menos una temporada.  
Si una planta tiene grandes problemas de adaptación o acaba muriendo es conveniente conocer las causas antes de sustituirla. Descubrir los factores que la han afectado  es fundamental para no que volvamos a repetir los mismos errores.

Posted in Jardineria